“No quiero tener un estudio muy grande en el que mi trabajo sea coordinar a la gente, porque lo que más me gusta es diseñar activamente”, confiesa Tomas Alonso (Vigo, 1974). Todo nació del deseo de ser diseñador de coches y en el camino se ha convertido en uno de los diseñadores españoles más internacionales. Miembro fundador de Okay Studio, un grupo de diseñadores independientes afincado en Londres, nos invita a conectar con su idea del diseño.

 

Entre sus clientes encontramos firmas como Camper, Ikea, Swarovski…  ¿Fuera de España es más fácil trabajar con grandes marcas?

Mi experiencia  es haber empezado mi carrera en Londres y haber estudiado en una escuela como el Royal College, que tiene cierta reputación y te hace de trampolín hacia este tipo de proyectos. Creo que en una ciudad como Londres hay más oportunidades, más gente organizando exposiciones que permiten tener más visibilidad, y eso ayuda.

Después, cada cliente es una historia diferente, pero vas haciendo cosas que te van abriendo puertas, y vas creando un portfolio de trabajos y experiencias que te abren nuevas puertas. Es una mezcla de lo que vas haciendo, cómo trabajas, el boca a boca, publicaciones, exposiciones… Lo que hace que cuanto más años van pasando más gente te va contactando, porque tienes más experiencia y más referencias que los posibles clientes ven. La idea es intentar enfocar cada proyecto lo mejor posible, intentamos trabajar en menos cosas pero mejor, para que el resultado sea bueno y hable por sí mismo.

Por ejemplo, desde Camper me contactaron con la propuesta de hacer una serie de tiendas “Camper Together” porque habían visto trabajos míos en un par de exposiciones en Londres y París, una serie de muebles que hicimos trabajando un tubo de acero y madera. Camper vio esta colección, le gustó y querían algo con este estilo para sus tiendas.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Se podría enmarcar en el llamado ‘slow design’ o el minimalismo?

He visto algunos artículos con esta etiqueta aplicada a nuestro trabajo. Creo que si trabajas de manera considerada, buscando soluciones, lleva tiempo, es slow, pero lo veo como una etiqueta inventada.

En mi proceso lo que siempre se repite es intentar pasar un tiempo de ‘gestación’, un periodo de absorción para intentar entender el contexto total de lo que estamos a punto de empezar. Esta parte de empaparte en el contexto de con quien estás trabajando para mí es crucial, porque cuanto más entiendas eso mejores soluciones puedes proponer. Y es fundamental conocer los procesos industriales. Si no entiendes el proceso de producción es imposible llegar a un buen resultado

Esa es la parte fundamental de cada proyecto. Una vez que tienes esto empiezas a unir hilos y proponer algo que funcione dentro de ese contexto, junto con el cliente. Porque el proceso no es unidireccional, es un tira y afloja.

Y entre diseño de espacios o diseño de producto, ¿con cuál te quedas?

Me quedaría con los dos. Lo que más me gusta y lo que más me llena cada vez que vemos lo que hemos hecho y hacia dónde vamos es la idea de no repetirnos, de trabajar en cosas diferentes. La variedad nos atrae y nos permite seguir creciendo. No me gusta la idea de cerrar puertas y centrarse solo en una cosa. Tanto en tipo de proyecto, como en tipo de cliente o en los materiales. Por ejemplo, últimamente empleamos el papel en varios proyectos, pero no quiere decir que sea mi material favorito. Hemos pasado por metal, madera, cristal (con Swarovski), porcelana (2016/Arita)… Esta variedad de materiales también es muy enriquecedora. Tienes un favorito un tiempo y este favorito cambia.

Función o forma, ¿dónde está la clave de un buen diseño?

Para mí un buen diseño es el que entiende para qué es lo que estás diseñando, para quién, por qué, cómo… Lo pones todo junto y encuentras una solución que tiene equilibrio y da respuesta a ese contexto. Depende del contexto en el que empieces a veces la forma y la función son muy diferentes, pero siempre hay una parte funcional. Una función que unas veces es más pragmática y concreta, con la que cualquiera de nosotros se puede identificar, y otras veces es más específica y orientada a un tipo de persona, cliente o público. Por ejemplo, si trabajas con un galerista que quiere explorar un concepto, la función de ese diseño no es crear la mesa más práctica sino comunicar esa experimentación.

Se habla mucho de la ‘democratización’ del diseño, pero ¿el buen diseño es caro?

La mayor parte de las veces sí. Pero tiene que ver con las empresas con las que trabajamos y con las cantidades que se terminan produciendo. Muchas son pequeñas en el mundo global y a lo mejor son las que ven el diseño como algo tiene que ser proporcional a su valor. Y también influye la economía de escala, porque cuando sólo produces 1.000 unidades de algo es diferente a cuando produces 100.000.

Por supuesto el diseño debería ser accesible y democratizar es fundamental para llegar a todos, pero hay que hacerlo de una manera consecuente, sin desvalorizarlo. Estamos en un momento en el que los precios de las cosas no son lo que deberían: el precio es lo más importante a costa de muchas otras cosas.

¿Qué cualidades debe tener un buen diseñador?

Curiosidad y una manera tangencial de ver el mundo, la capacidad de ver las cosas desde muchos puntos de vista. Si eres curioso estás continuamente observando, viendo y analizando. También es importante intentar buscar soluciones diferentes. Al final, la mayor parte de los estudios que funcionan bien son los que van más allá de lo que se ha hecho antes.

¿Cuál sería tu consejo para un diseñador que está empezando?

Le aconsejaría tener mucha paciencia porque la profesión es difícil y lleva tiempo, como casi todo en la vida. Con la experiencia que vas acumulando vas trabajando mejor, pero es un proceso lento y es importante entenderlo desde el principio y no intentar atajar las cosas muy rápido. También es importante estar abierto  a probar cosas nuevas, no tener miedo a lanzarse y salir de nuestra zona de confort. Un diseñador sería una persona que está cómoda en situaciones incómodas.

Si te obligasen a elegir uno solo, ¿Con cuál de tus trabajos te quedarías?

El proceso y la trayectoria son tan orgánicos que no podría… Va cambiando, como el material o el tipo de proyecto favorito. Pero con los cubiertos Stamp Cutlery fue cuando me di cuenta de la relación tan importante entre la forma de un objeto y cómo está hecho y por qué está hecho. Buscaba una alternativa a cubiertos desechables en plástico y los realicé en aluminio, porque era un material reciclable y desechable. También buscaba una manera económica de producirlos y no quería utilizar mucho material. Estos parámetros que me marqué yo por comodidad del proyecto hicieron que la forma de esos cubiertos fuese la que fue. Los ingredientes dieron la forma. Este fue el primer proyecto que nació de esta manera y me hizo darme cuenta de qué es lo que hace que las cosas estén bien pensadas y bien hechas, para mí.

¿Cuál es el proyecto de tus sueños, ese reto que todavía no has abordado?

Los últimos dos años estamos trabajando diseñando un interior completo de una casa con todos los muebles hechos a medida, que es algo muy diferente a lo que habíamos hecho antes. Es un proyecto que me está gustando mucho, y una de las cosas que me gustaría hacer es diseñar una casa desde cero para mi familia. Es también una manera diferente de trabajar, pero nunca tenemos tiempo de hacerlo como lo haríamos para los demás.

Idea, bocetado, trabajo con materiales… ¿Qué parte de tu trabajo disfrutas más y por qué?

Me gusta juntar todos los ingredientes que vas observando cuando estudias el contexto y empezar a ver posibles soluciones, primero pensando y bocetando, y después concretándolo en 3D en el ordenador o haciendo pruebas físicas en el taller. El diálogo entre estas tres técnicas para materializar algo es la parte del proceso que más me gusta. La parte que menos me gusta es llevar todo eso hasta un resultado final, porque en esa parte de “hacerlo real” intervienen muchos factores externos.

¿La inspiración surge o se crea? ¿Tienes algún ritual, consultas alguna publicación que sea como una biblia…?

El método de trabajo y la inspiración van juntos pero separados. La inspiración viene de tu día a día. Al ser una persona curiosa estás todo el rato absorbiendo. Viajar te abre puertas a cosas diferentes, pero también ver exposiciones, películas, visitar fábricas, ver el trabajo de otros diseñadores… Luego todo eso tienes que canalizarlo  y necesitas un periodo de gestación más aislado y tranquilo, en el que pones todo esto detrás e intentas ver las cosas de una manera neutral. Para esa parte del proceso a mí me gusta crear situaciones de calma, en entornos sin internet, como un parque, un avión, nadando o andando en bici… Haciendo actividades que no tienen relación tu mente le está dando vueltas sin influencias externas.

¿Eres más digital o analógico? Si es que se puede ser analógico en el siglo XXI…

Creo que es difícil aislar ambos. Soy digital, porque es en el mundo que estamos ahora mismo. Pero la parte analógica de dibujar y representar manualmente es insustituible y no lo veo como algo romántico o anticuado, me parece fundamental para un diseñador tener ese contacto físico con lo que está haciendo. Nosotros tenemos un taller en el estudio en el que podemos hacer cosas, y también tenemos la ventaja de que las herramientas digitales hoy en día nos permiten visualizar, absorber, producir resultados de manera mucho más rápida.

¿Cómo llegaste a ser diseñador?

Desde que era pequeño dibujaba más objetos que personas y cuando tenía 10 o 12 años quería ser diseñador de coches. Pero cuando empecé a entender lo que era ser diseñador me di cuenta que era el diseño en sí lo que me gustaba. Fue un objetivo que me hizo empezar a dar pasos para llevarlo adelante desde muy joven.

La idea de tener un estudio independiente que me permitiese trabajar en más de un tipo de cosas también está ahí desde hace mucho tiempo, desde que empecé a ver trabajos del estudio de los Eames, Castiglione… Me atraía más eso que trabajar en una empresa haciendo un solo tipo de cosa.

¿Qué autores son tus referentes en diseño?

Eames, Castiglione, Prouvé, Magistretti … Son gente que dieron pasos muy grandes dentro del mundo del diseño, que trabajan de la manera que yo intento: muy cerca del cliente y buscando soluciones apropiadas a lo que estás haciendo pero de manera diferente a como se había hecho antes. Creo que tenían la ventaja de que las cosas se hacían con más de tiempo y había menos saturación. A lo mejor por eso es más fácil idealizar lo que hacían ellos en su época.

¿Con qué profesional de la arquitectura y el diseño te gustaría conectar/colaborar?

Yo comparto estudio con otros diseñadores (Okay Studio) y de vez en cuando hacemos alguna cosa juntos. He hecho algún proyecto con Jordi Canudas o con Andrew Haythornthwaite. Creo que está bien no encasillarse en cómo ves tú las cosas, es parte del proceso de enriquecerse. Doy clase en un master en la ECAL y me gusta mucho trabajar con los alumnos en sus proyectos de final de carrera. Es un poco diferente, por la relación entre profesor y estudiante, pero me gusta trabajar con diseñadores desconocidos. No es necesario que sean famosos, simplemente que sea gente que tenga una forma de hacer las cosas diferente a la mía. Tiene que haber afinidad, pero sí, me gusta colaborar.

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