Las ciudades degeneran (en el buen sentido). Degeneran para hacerlas espacios seguros y habitables para todas las personas: Analizamos el urbanismo con perspectiva de género.

Tras eliminar las barreras físicas de nuestras ciudades, toca superar las sociales. El urbanismo, como materia viva que se amolda a la habitabilidad, se ve naturalmente influido por los cambios y los movimientos sociales. No iba a ser menos con el feminismo tras el gran impulso experimentado durante 2018 -al menos en cuestión de visibilidad-. Por ello, se convierte en una perspectiva que se tiene en cuenta en las concepciones arquitectónicas de nuestras ciudades.

¿Qué significa incluir perspectiva de género en el urbanismo?

Significa, ante todo, “que las personas que habitan las ciudades se conviertan en expertas de los espacios que las rodean”, según sintetiza la cooperativa de profesionales Col·lectiu Punt 6.

Se trata de aplicar una mirada transversal que también podría adaptarse a otros colectivos minorizados, tales como las personas mayores o migrantes: “no es lo mismo vivir la ciudad como adolescente homosexual extranjero que como mujer de ochenta años que vive sola y tiene que moverse con un andador”, detallan desde la cooperativa.

La primera pregunta sobre la que reflexionar sería quién concibe las urbes modernas. “La base histórica viene de una perspectiva muy masculinizada, de una ciencia desarrollada por ingenieros o militares y que más tarde pasó a arquitectos o paisajistas”, explica la arquitecta y urbanista Zaida Muxí.

¿Qué claves entran en valoración para incluir esta perspectiva y así evitar crear ciudades excluyentes? Sintetizamos cuatro puntos:

  • Considerar a las mujeres en la concepción urbanística: antes de aportar soluciones por parte de un estudio o institución, se realizan “marchas exploratorias” para determinar los puntos negros en un acompañamiento a mujeres sensibilizadas con estas cuestiones.
  • Hacer los lugares más seguros y accesibles: evitar rincones y zonas oscuras mejorando la iluminación, ampliando aceras e incluso incluyendo planes de movilidad que no permitan que haya zonas desiertas (paradas de bus, de metro…).
  • Favorecer la vida cotidiana mediante espacios de proximidad: para relacionarnos, cuidarnos y desarrollarnos tanto individual como colectivamente.
  • Repensar la movilidad: desde la calidad o riqueza de los trayectos hasta cómo nos desplazamos y los tiempos que empleamos en ello.
La concepción de espacios para cuidarnos y relacionarnos es uno de los pilares del urbanismo con perspectiva de género

¿Qué opinan profesionales de la arquitectura sobre el urbanismo con perspectiva de género?

Comenzando por la base, la formación, nos topamos con la cifra de que en España “hay 400 catedráticos de Arquitectura frente a solo dos mujeres”, argumenta la arquitecta Izaskun Chinchilla. Adentrándose en el ejercicio profesional, entiende que “los proyectos realizados con firma femenina suelen tener en consideración la iluminación, el color, las texturas y los acabados”, además de estar ligados “a una mayor sensibilidad hacia los problemas sociales”.

Sobre esta sensibilidad diserta el arquitecto John Cary, ya que comenta que durante la universidad “los proyectos son puramente teóricos, y en rara vez se interactúa con personas de verdad o con comunidades reales”. Entiende que esta práctica fundamenta “que se apueste por programas de reconocimiento centrados casi exclusivamente en la estética de los edificios antes que en el impacto social”, declara.

Aplicaciones de diseño y arquitectura con perspectiva de género

  • Replanteamiento urbano del eje cívico de La Meridiana: el Ayuntamiento de Barcelona está promoviendo la remodelación de este espacio de la ciudad para responder demandas de los barrios mediante un enfoque inclusivo, medioambiental y centrado en la igualdad de las personas.
  • Red de patios inclusivos y sostenibles: Pandora Mirabilia, PEZ arquitectos y Col·lectiu Punt 6 mejoraron los patios escolares en los colegios Nuestra Señora de la Paloma y Santa María de Madrid. Acentuaron en estos espacios la participación, la inclusión social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.
  • El manspreading a través de una propuesta de mobiliario: ¿cómo se siente una mujer cuando un hombre sentado en un transporte público ocupa su espacio mediante la apertura de piernas? La diseñadora Anna Aagaard Jensen ofrece respuestas a través de unas sillas funcionales que permiten jugar con la manera de habitar los lugares públicos.
  • Zaha Hadid, primera mujer galardonada con el Premio Pritzker de Arquitectura (en 2004): su deconstructivismo promulgaba espacios fragmentados y distorsionados, creando así un “caos controlado”.
Museo de la Montaña Messner Corones, en el monte Kronplatz (Italia). Obra de Zaha Hadid

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